En el año 45 a.C., se celebraba en Europa el solsticio de invierno el 30 de diciembre, tal y como marcaba el calendario juliano. Sin embargo, esta fecha cambió debido a la diferencia entre el año civil y el tropical, que provocaba un adelanto de 3 días cada cuatro siglos. De esta forma, en 1582 el papa Gregorio XIII ordenado añadir este cambio al calendario gregoriano, y desde entonces el solsticio de invierno ocurría en torno al 21 de diciembre en el hemisferio norte.
Para los paganos, esta fecha tenía una relevancia especial. Cada año lo celebraban en el Stonehenge y en los bosques mediante rituales y festivales. Esta tradición llegó al resto de países e, incluso, a día de hoy en Guatemala se sigue celebrando el solsticio de invierno con el ritual de la Danza de los Voladores. Los romanos, por su parte, celebraban esta fecha en honor a Saturno y los escandinavos celebraban el festival de Juul. Los cristianos esperaban hasta el día de Navidad, 25 de diciembre, para celebrar este acontecimiento.
Para todas estas culturas, el solsticio de invierno tenía un significado. Era el momento en que la luz era capaz de derrotar a la oscuridad de forma progresiva y hacer frente a las muertes ocasionadas por las bajas temperaturas. Desde el solsticio de invierno había más oportunidades de conseguir comida gracias al crecimiento de los ríos y los campos con la llegada del Sol.
Ritual para el solsticio de invierno
En nuestros días se siguen realizando infinidad de rituales durante esta fecha tan señalada. Es un buen momento para deshacernos de la oscuridad que nos invade y que no nos permite ver la luz al final del túnel. Es un proceso lento pero eficaz. Por ello, muchos de los rituales van dirigidos a potenciar las cualidades mágicas del solsticio de invierno. Vamos a ver uno de ellos.
Los elementos que necesitamos son: papel, bolígrafo, hoguera o velas y la ropa de invierno. En primer lugar, escribiremos en el papel todo lo que queremos dejar atrás, aquello que nos impide avanzar en la vida. Luego envolveremos ese papel con la ropa de invierno, es decir, aquella que nos ha traído oscuridad a nuestra vida. El último paso es dejar que la ropa se queme por completo a lo largo de toda la noche del solsticio de invierno. Una vez ha salido el sol al día siguiente, esa ropa con el papel habrá quedado calcinada y con ella todos los malos pensamientos, sentimientos y acciones.
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